martes, 20 de noviembre de 2018

MALDITA MEMORIA


Siempre me han dicho que soy muy despistado. Mucho, desde el principio. No hay más que ver que mi madre dio a luz casi con diez meses de embarazo, quizá porque no me enteraba de que tenía que salir y tuvieron que provocar el parto para sacarme de allí. Un despiste, me decían más o menos en broma.

Cuando fui creciendo me enseñaron a gatear. Nadie me había advertido de que no hay que caminar directamente, sino que hay que pasar por la etapa de gateo. Estaba dispuesto a caminar, pero me insistieron tanto en gatear, que al final le pillé el gusto. Y, claro, tampoco fui muy rápido a la hora de andar, y me tuvieron que avisar de que ya era hora de ponerme a dos patas.

Me llevaban y me traían al cole, me decían qué tenía que comer, qué tenía que estudiar. Parece ser que se me olvidaba que me gustaban las verduras y no me daba cuenta de lo maravilloso que es aprenderse de memoria la lista completa de capitales africanas o la tabla periódica. Era tan despistado que siempre estaba intentando salir a la calle, o mirar por la ventana dibujando figuras imaginarias en las nubes, en vez de dedicarme a ser un hombrecito.

Según crecía, el tema fue a peor. Los amigos del cole me recordaban que me encantaba el deporte. O que me chiflaban las motos y los coches ruidosos. Cuando me veían leyendo o intentado dibujar, se tomaban la molestia de recordarme que eso no es lo que yo quería y me sacaban de fiesta porque, torpe de mí, se me olvidaba constantemente que no me interesaba quedarme en casa escribiendo una novela o dibujando un cómic, sino que prefería salir a beber como un animal y pasar unas tremendas resacas al día siguiente. Todos los lunes me recordaban lo bien que nos lo habíamos pasado, aunque a mí se me hubiera olvidado.

También me cuidaban hasta el punto de que no permitían que se me olvidara de cuánto me gustaba tal o cual chica, y no otras opciones a las que, por lo visto, debía de tener cierta tendencia, como jugar o dejar pasar el tiempo. Todo debido a mi despiste crónico.

Mis padres y profesores, siempre tan preocupados por mí, me recordaban constantemente que tenía que estudiar mucho y que tenía que ir a la universidad porque me encanta la ingeniería y no esas otras cosas inferiores a las que me dedicaba cuando se me olvidaba mi pasión por los mecanismos y la electricidad. Menos mal que me recordaron que me tenía que matricular adecuadamente en la facultad correcta porque si no, podría haber acabado muerto de hambre con tanto pensar en las musarañas.

Afortunadamente, también mis compañeros de la universidad me encarrilaron y me recordaron cuánto me gusta competir y machacar a mis rivales. Qué bien hacían en prohibirme compartir los trabajos que hacía porque si no, mis rivales habrían obtenido mejores calificaciones que yo. También hay que decir que constantemente se acercaban a mí para recordarme quienes eran mis rivales. Sin ese recuerdo, podría haber acabado con malas compañías.

Gracias a mis notas y a los compañeros y contactos de mi familia, me acordé in extremis que debía aceptar el trabajo de plantilla en una ingeniería de mucho nivel. Menos mal que mis padres me habían evitado olvidarme de aprender idiomas raros porque, si no, jamás habría conseguido acabar destinado en países exóticos donde me recordaban constantemente que cada traslado era un ascenso. Qué tonto era yo cuando me entristecía por tener que dejar la pequeña vida que me iba forjando en cada destino. A veces, cuando me recordaban lo bueno que iba a ser el siguiente paso, me reprochaba mi torpeza por ser incapaz de recordar todo lo bueno que faltaba por venir.

Cuántas veces se me olvidó que no hay que enamorarse de las chicas que ellos me recordaban que eran guapas e inteligentes, sino, simplemente, divertirse con ellas sin importar lo que pensaran. Yo me despistaba y a veces salía a tomar un café a media tarde con alguna chica que, por lo visto,  ni era guapa, ni era inteligente, ni tenía mi nivel social. Alguna vez incluso llegué a pensar en asentarme, pero es que no me acordaba de que tenía que seguir avanzando y triunfando. Constantemente me recordaban que no debía ser un looser.

Durante muchos años se me olvidó parar. Iba de un país a otro haciendo mi trabajo y no me di cuenta de que la gente joven tenía mejores ideas que yo, que usaban mejores métodos que yo y que, aunque no tuvieran ninguna experiencia y su trabajo no fuera más que humo, mi momento de dar un paso al lado había llegado. Me recordaron que a mi edad era mejor que ocupase uno de los despachos de la sede central y allí me pusieron al día de que no estaba al día. Lo correcto siempre había sido estar establecido y rellenar papeles, cosa que, sin querer, por lo visto se me había escapado, así que acepté gustoso mi último destino entre cuatro paredes en una ciudad que, por más que lo intentaba, no recordaba que me gustase.

También se preocupaban mucho de que ocupase mi tiempo. Y es que tenía la terrible manía de acabar de trabajar y dedicarme a descansar. ¡Qué tonto! No, no, no. A mí lo que realmente me gusta es, por lo visto, ocupar mi mente en horas extras, actividades repetitivas, internet y, sobre todo, cultura, mucha cultura. Debido a mi mala memoria, se me olvidaba renovar la suscripción a las televisiones de pago y acababa saliendo a la calle a la busca de algún parque donde dar un paseo, pero siempre había quien se daba cuenta y me recordaba lo inútil que era perder el tiempo de semejante manera.

Porque el tiempo es oro, es oro, es oro. Y se me olvida que el tiempo es oro, oro, oro. Lo repito para no olvidarlo. Mi tiempo es lo que más vale y no debo regalarlo. Puedo venderlo, puedo invertirlo, pero no puedo regalarlo. Todo mi tiempo debe estar invertido en mí o en actividades de provecho. Y lo invertí en turismo, en viajes locos, en deportes de riesgo, en horas de cine, en cursos de renovación, másters, autoapredizajes, etc. Sí, el tiempo es oro y creo que gracias a toda la gente que me quiere, lo he invertido bien. A veces lo pierdo un poco con esa manía de colaborar con la gente que me pide ayuda en el trabajo en tareas que no me competen, o cuando aquella vez me pillaron explicando el método de cálculo manual a un grupo de chavales nuevos de la oficina. Ay, qué ignorante, qué despiste más grande. Cuánto tiempo perdido.

Durante la última temporada se me olvidó que tenía que cosechar mis inversiones en forma de retiro, pero un retiro aprovechable y con inversión de tiempo rentable. Nada de quedarse en casa jubilado mirando al techo, nada de volver a la casa del pueblo a mirar el cielo. Viajes, concentraciones, bailes en la piscina, bailes en la calle, bailes de salón. Que no se me olvidase que descansar en la vejez consiste en no parar.

Otro de mis despistes, bastante importante, es que se me olvidó que con cierta edad hay que tener achaques. Me dijeron que tenía que ir al médico porque después de una vida tan desaprovechada debía de tener algún problema físico, que ya era hora. No sé, estaba tan despistado que no me había dado cuenta de que tenía que estar enfermo. Creía que la enfermedad llegaría y me daría algún aviso, pero por lo visto tenía que ir al médico a que me dijera lo mal que estaba. Como así ocurrió, por supuesto. Y me inflaron a pastillas para no sé cuántas cosas. Muchas veces se me olvidaban y salía a la calle y bebía un poco de vino, o me reía demasiado, pero me acordaba de lo correcto y volvía al redil.

Pero con tanto achaque se me olvidó que debía estar vivo. Los médicos me recordaban que lo más importante es vivir y constantemente me decía a mí mismo que debía recordarlo, así que luché y luché y al final me di cuenta de que sí, que lo importante es que hay que vivir.

Lo malo es que ahora todo el mundo me rehúye y se me ha olvidado de por qué. Cada vez que me levanto y salgo a dar una vuelta, me gritan y no quieren estar conmigo. Menos mal que a veces recuerdo que de vez en cuando se me olvida que se me paró el corazón y que me morí, y así vuelvo a mi tumba… hasta que se me vuelve a olvidar.

Y a veces pienso que, efectivamente, se me ha olvidado algo.


jueves, 1 de noviembre de 2018

AMOR TINTO



La mañana empezó con el autobús casi derrapando delante de la bodega. Se bajó la horda de turistas de todos los días y yo les ofrecí mi mejor sonrisa de guía experimentada y profesional.

Visita a las instalaciones, un poquito de la historia de la vid en la comarca, un vídeo y, finalmente, la avalancha que se produce cuando abres la sala de catas y ven las copas y las botellas preparadas para saborear los diferentes vinos de la zona.

Pero él no fue a por su copa. Alto, guapo, interesante y haciendo preguntas bastante técnicas, acabó por tener toda mi atención. Mientras mis compañeras servían vino y asesoraban como buenamente podían a los cada vez más colorados turistas, yo iba explicando a mi visitante la importancia de las estaciones, graduaciones, tipos de suelos, tipos de vid, tipos de uva, tipos de copa, tipos de cata…

Y me atendía. En vez de beberse el vino, se bebía mis explicaciones. Le hablé de las enseñanzas de mi abuelo, de mi pasión por el arte del vino y, sobre todo, del sueño de tener mi propia bodega.

Como en un cuento de hadas, me esperó a la salida, pero mi príncipe tinto resultó ser más bien un sapo rubio porque además de ofrecerme su brazo, su encanto y la promesa de una noche mágica, también me ofreció tomar un par de cañas.

De cerveza.

¡De cerveza!

lunes, 3 de septiembre de 2018

EL DÍA DE LA ANESTESIA

El mensaje llega a través del móvil, red social, un grupo de gente. Está cargado de buenas intenciones y de bonitas palabras. Viene a recordarnos que "mañana es el día del cáncer" y que debemos compartir este mensaje porque tal y tal y tal. 

También viene a decir que habrá mucha gente que no lo compartirá.

Pero es que "mañana" no es el día del cáncer. Ni de los niños con autismo, ni de los muertos en las guerras, ni de la esclerosis múltiple, ni del hambre en el mundo, ni del planeta asfixiado, ni de la lucha contra el plástico, ni contra la matanza de cetáceos, ni de... ni de nada. 

Entiendo que todos los días son los días del cáncer (y de los niños con autismo, y de los muertos en las guerras, etc, etc, etc). Por lo tanto, lo primero que pienso es que este mensaje, cargado de buenas intenciones, puede no ser más que un virus o un mensaje de control, o cualquier cosa que se inventen los que nos manipulan.

Para empezar, me recuerdan que se me ha olvidado que hay gente enferma. Y si no es gente enferma, será una guerra, una causa, una utopía que me dejará intranquilo y con la sensación de que no estoy haciendo lo suficiente.

Entonces veo ese dato que dice que mucha gente no reenviará el mensaje. Claramente dirigido a mí, opresor que no quiero luchar contra el cáncer, o los niños con... bueno, que si no lo reenvío a setenta y cinco personas, soy un vulgar fascista y depredador planetario asesino de gente enferma. No tan explicitamente, pero es un reproche muy bien colocado que me llega a la conciencia, lo que me hace pensar que está ahi como prueba, como indicador de sus estadísticas a ver cuántos picamos cuando nos retuercen la conciencia de tal o cual modo.

Así que no lo envío.

Pero si lo envío, limpio mi conciencia. Me quedaré tranquilo y seré parte de esa masa de gente buena que lucha contra el cáncer, o contra el autismo, o contra la guerra, o... 

Y me doy cuenta de cuántos mensajes nos llegan para limpiar la conciencia. Cada vez más, y más agresivos, lo que viene a describir cómo tenemos la conciencia. Cuántas firmas en plataformas digitales apoyando buenas causas. Cuantos mensajes rebotados en las redes sociales con bonitas frases de esperanza y de buenas intenciones. ¿Quién las escribe, quién las piensa, quién las realiza? Por lo que yo sé, todos reenviamos esos mensajes y no creamos ninguno. Qué tranquilos nos dejan, pero al final no hacemos NADA. Un click, cinco segundos de nuestra vida para quedarnos tan tranquilos y, hale, a ver el fútbol, que llego tarde.

Nos dejan anestesiados, por lo que, para mí, esto se está convirtiendo en el día de la anestesia.

Y levanto la vista del móvil y hago esta foto para no olvidar que el cáncer no es "un día".


El cáncer es un pasillo de hospital cochambroso, horas de espera en ambientes deprimentes, baldosas sueltas, baños que no funcionan, fluorescentes que parpadean, ruidos y olores, médicos desbordados, enfermeras corriendo, celadores desesperados buscando una silla de ruedas y todo para, a lo mejor y si hay suerte, conseguir para el enfermo un día más de plazo, un mes, un año.

El cáncer son años y años de vigilancia, de controles, de análisis, de pruebas, de tratamientos, de experimentos, operaciones, noches de hospital durmiendo junto a enfermos como tú, de sillas incómodas, de comida de máquina, agua de botella de plástico, de meses de lucha, ánimo y buenas palabras por parte de esa gente increíble que lucha en claras condiciones de inferioridad para que sigas un día más.

El cáncer soy yo cuando me ahorro el IVA. Porque soy muy listo.

El cáncer es esa basura envuelta en una bandera que piensa que la sanidad debería ser rentable. Porque aman a su país mas que tú.

El cáncer es esa empresa de cosas imprescindibles que consigue no pagar impuestos y por la que haces cola por la noche cuando lanza un producto nuevo. Porque molan mucho.

El cáncer es despotricar de la mierda de la sanidad pública en el bar de la esquina y, en la misma frase, quejarse de los impuestos que tienes que pagar mientras fardas de cómo consigues evitarlo. Porque sabes mucho y a ti no te la cuelan.

El cáncer es la empresa farmacéutica que hace veinticinco años firmó una patente y que puede salvarte la vida, pero con un precio que ni tus nietos podrán pagar. Porque sí.

El cáncer es reenviar un mensaje de control de masas y quedarte tan tranquilo. 

Porque la anestesia social es el cáncer.



domingo, 19 de agosto de 2018

Y LA LUNA



... y levanto la mirada y al ver el paisaje que está ante mí desde hace horas empiezo a pensar cómo puede ser que lleve todo este tiempo mirando hacia el móvil y no hacia el paisaje.

...y cuando me doy cuenta de que, encima, está la luna, pienso que, definitivamente, no volveré a mirar la pantalla del móvil.

domingo, 24 de junio de 2018

Peq v.2

martes, 17 de abril de 2018

NO LE GUSTA

Al niño de diez años que sale en la foto programando un robot le gustan el 99'99% de las cosas de este mundo.

Se puede quedar extasiado mirando al mar. Puede pasarse horas escuchando la misma canción. Puede montar y desmontar una maqueta siete veces en una tarde para ver cómo queda mejor. Puede quedarse fascinado con un avión de papel, descubrir la física, los chistes de la geometría, la naturaleza de los números. Puede reirse como un loco cuando te hace un chiste sobre el infinito al igual que cuando suena un eructo en los dibus o imita el ruido de un pedo con el sobaco. Puede rehacer un programa informático meses y meses hasta hacer un juego alucinante... que no compartirá con nadie. Tampoco lo intentará, claro, porque piensa que a nadie puede interesarle nada de lo suyo.


Y es que hay una (¡una!) cosa que no le gusta y que, sin embargo, es el eje alrededor del que circulan el resto del mundo, tanto chavales como padres, como centros educativos:

No le gusta el fútbol.

Siendo crudos y sinceros, sin caretas ni tonterías, le deberíamos llamar "ateo", o "infiel", quizá "hereje", ya que no comparte la fe por un culto dominante; pero según las convenciones sociales actuales, eso lo convierte simplemente en un niño "raro". Podríamos decir que es diferente, o que tiene personalidad, o que no quiere perder el tiempo con el deporte, o que tiene otros intereses, o que, simplemente, no le gusta el fútbol. Pero no lo decimos y le ponemos la etiqueta de "raro".

Acertadamente, ya que "raro", según la RAE significa:

DLE: raro, ra - Diccionario de la lengua española - Edición del Tricentenario
1. adj. Que se comporta de un modo inhabitual.
2. adj. Extraordinario, poco común o frecuente.
3. adj. Escaso en su clase o especie.
4. adj. Insigne, sobresaliente o excelente en su línea.
5. adj. Extravagante de genio o de comportamiento y propenso a singularizarse.

Por supuesto, sucede que a su edad es el fútbol el que manda, pero podría haber sido otra cosa en otra época, y quizá le habría tocado a otro niño ser el raro. Puede que en un par de años sea tu hija la "gorda", o tu hijo el "cara crater", o... o cualquiera.

Pero ahora es el fútbol a un nivel de saturación plena. Podría quedarse de portero en el recreo. Podría animar. Podría ir a ver los partidos. Podría intentar que le gustase, pero es que, insisto: no le gusta el fútbol.

Y, así, como no juega ni está en ningún equipo, se pierde los ratos de enfado, los ratos de peleas, de insultos, de risas, de bromas, de camaradería, el odio al enemigo, el respeto a la derrota. Se pierde los viajes, la disciplina, el orden, la sumisión, la jerarquía, el moverse con los compañeros fuera de clase, fuera de la semana laboral. Se pierde ser de la manada, del grupo, de la tribu.

Y, así, cada lunes está un poquito más lejos de los demás.

Y, así, cada recreo se aparta y mira.

Y, así, no aprende a compartir, no aprende a quedar, no le dan el número de teléfono y no aprende a pedirlo, no está en el grupo de amigos del móvil, no se acuerdan de él cuando hay un cambio rápido. No participa en las bromas, no entiende los chistes y se pierde completamente en los detalles. Es molesto porque no puede seguir el ritmo del grupo. Y, como es lógico, el grupo se cansa y suelta lastre.

Y, así, aprende que no es necesario para los demás, que no es imprescindible, que no influye en nada ni en nadie porque, la experiencia se lo dice, todo sigue su rumbo sin él. Es una lección que los adultos aprendemos con el tiempo y podemos asumirla o reprimirla, pero un niño en esta situación aprende a ver la vida por una ventana sintiéndose completamente ajeno a ella, creyendo que la vida es eso de la gente "normal", o lo de las películas, o lo de los libros, sin entender que su vida es suya y que puede hacer con ella lo que a él más le guste.

¿Cómo explicarle que todo esto pasará, que encontrará su camino, que, quiera o no, tendrá una vida y que esa vida todavía está por empezar? ¿Cómo darle la tranquilidad que necesita para compartir sus ideas sin miedo al rechazo o la burla? ¿Cómo explicarle que son personas como él las que dan color al grupo, las que permanecen coherentes toda la vida sin acusar el desgaste del aburrimiento y la rutina que acabará afectando a todas esos que hoy son estrellas?

Qué bonito queda en las novelas, en las películas, en las fábulas con moralina final, cuando enseñan que hay que tener personalidad, ser uno mismo, seguir firmemente el camino sin dejarse llevar por modas o dogmas de fe sin sentido. Qué bien queda el protagonista cuando la chica se da cuenta y, juntos, forman una vida en común perfecta y maravillosa y bla y bla y bla...

Pero es mentira, y ser firme con diez, doce, trece, quince años es imposible. Y es duro, y es muy doloroso, e impide el desarrollo pleno de la persona que podría ser.

Crecerá escuchando constantemente el cuchicheo que siempre suena cuando pasa alguien diferente, un freak, un bicho raro, y no podrá menos que creérselo. A lo mejor será cierto porque no todo el mundo va a estar equivocado, ¿verdad?

Pero me niego. Me niego a aceptar que la mayoría tiene la razón. Me niego a pensar que una foto que a cualquiera puede hacer explotar el pecho de orgullo sea la causa de la tristeza de una persona y de la destrucción de un futuro por pura desidia mía, nuestra.

Me niego a asumir que vivo en una sociedad donde la religión dominante con sus ídolos millonarios condicionen la vida de un cerebro privilegiado malogrando todas las aportaciones que podrá hacer en el futuro para conseguir un mundo un poquito mejor en vez de soñar con una camiseta y un ferrari como el ídolo descerebrado y perfectamente sustituible del fútbol.

Curioso mundo este nuestro en el que quien no puede seguir el ritmo de los demás es quien con 10 años programa robots, y no al revés.

Y ASÍ CADA NOCHE

Cuántas horas, cuánto esfuerzo, cuánto empeño en sacar adelante ese párrafo, esa línea curva, la composición de esa fachada, el color de la fotografía, esa nota con su acorde...

Cuánta vergüenza consumida, cuánto pudor perdido para preguntar, cuánto sufrimiento por aprender técnicas, movimientos, estilos...

Cuántas horas de sueño empeñadas en publicar, compartir, ordenar, dar forma y que alguien pueda oír esa canción, ver ese dibujo, disfrutar esos colores, saborear esa pintura, habitar esa casa, repetir hasta el aburrimiento esa poesía...

Cuánta vida derrochada para que, al final, cuando lo veas publicado, suene, se construya, se forje, se levante o, en definitiva, escape libre del control de tu parte creativa...

...te des cuenta de que no tienes ni una miserable gota de talento.

martes, 10 de abril de 2018

DEL LUGAR


Sobre la pizarra del suelo, mampostería basta de caliza y pizarra de la zona unidas con mortero de cal del lugar.
Sobre el muro de piedra, adobes hechos con barro y paja, moldeados en el mismo lugar.
Sobre el adobe, madera de encina y roble, todos de los bosques del lugar.
Sobre la madera, tejas cocidas con arcilla de la zona.
Cubriéndolo todo, cal morena. También hecha en el entorno.


Perdonadme si me asombro cuando escucho a los que venden esa nueva "arquitectura sostenible".

O "ecológica".

O del lugar.

domingo, 18 de marzo de 2018

PETICIÓN DE PENA

Su señoría, tras las conclusiones obtenidas con las pruebas y declaraciones realizadas a lo largo de este juicio, el ministerio fiscal desiste de pedir la prisión permanente revisable para el acusado.

Sostenemos, y las pruebas y declaraciones así lo han confirmado, que el acusado es un peligro para la estabilidad de esta sociedad y que no merece estar entre la gente de bien que le da forma.

Entre otras cosas, alegamos que:

- Se le encontró material subversivo, así como textos escritos blasfemando contra nuestro señor allá en los cielos, vulnerando el Acta de Libertad Religiosa para la Garantía de un Estado Láico.

- Se confirma el hecho de compartir vídeos sobre las fuerzas de seguridad en acto de servicio mientras protegían la sagrada institución de la soberanía popular.

- Se confirma el hecho de seguidismo a partidos radicales, extremistas y no afiliados a la unión de partidos democráticos S.A, declarados por ello proscritos a la espera de su afiliación a la asociación de Banca Partidista Nacional para la Libertad de Opinión.

- Se han obtenido imágenes del acusado en manifestaciones con el peligroso colectivo de pensionistas que, como bien es conocido por todos, ha sido declarado grupo terrorista recientemente.

- Se han obtenido imágenes del acusado en manifestaciones con el colectivo del sector sanitario que, como saben, vulnera el Estatuto de Reparto de Enfermos y Medicamentos de la actual y vigente ley de Externalización de Moribundos y Enfermos crónicos.

- Se ha comprobado la posesión de células solares fotovoltaicas para autoconsumo en el domicilio particular del acusado.

- Se ha confiscado un ordenador personal que no está conectado a la red, vulnerando así la ley de Protección de la Intimidad y Vigilancia de Actos Indeseables.

- Se ha confiscado la nada despreciable cantidad de 36'50 euros en metálico, así como la posesión de una única cuenta corriente, acto contrario a la Ley de Reparto de Beneficios Bancarios para la Democracia que obliga a tener por lo menos tres, y en dos entidades bancarias diferentes al amparo de la Ley Antimonopolio del Populacho.

- Se han obtenido resguardos de entradas de conciertos, cine y teatro para ver obras firmadas por autores que actualmente (y por suerte para la sociedad) ya están en la cárcel o proscritos según la ley de Buenas Maneras de Expresión y Vocabulario.

- Se han obtenido testimonios de testigo que afirman haber oído al acusado decir cosas tan contrarias a la ley como "fistro", "aikandemor" y "pecador de la pradera" ante niños y personas desfavorecidas.

- Se ha confiscado un libro de texto de hace unos años, concretamente del curso de cuarto de la ESO en el que el acusado pintó barba, gafas y bigotes a nuestra majestad Felipe II, haciendo, además, comentarios sobre el infundio de la pérdida de la santa armada invencible, acto contrario al artículo 659.2-3b ocho bis-c de nuestra carta magna en el que claramente se establece que las instituciones del estado son inviolables, así como la infalibilidad de sus majestades pasadas, presentes y futuras.

... y así un largo etcétera que ya hemos ido desgranando durante este juicio.

Sin embargo, y pese a tan graves hechos que han sido demostrados, retiramos nuestra petición de Prisión Permanente Revisable. No creemos justificado que una persona, por muy indeseable que sea, pase el resto de su vida encerrado en un centro penitenciario de una manera ilógicamente costosa, pudiendo, además, tener opción a revisar su condena y lograr de esta manera eludir la obligación de pasar el resto de sus días entre rejas.

Por lo tanto, y amparándonos en la ley de Estado Electoral Perpetuo recientemente aprobada por unanimidad en el congreso, procedemos a solicitar la pena de muerte para el acusado.

Gracias, señoría.