martes, 28 de julio de 2020

AIRE

nota: relato seleccionado para la publicación de los textos del V concurso literario de microrrelato Comarca de cuencas mineras bajo la premisa de "pandemia" de 2020.

En cuanto el montacargas llega al nivel de la calle, sale corriendo, se arranca la mascarilla, tira el casco, se arrodilla y aspira el aire como si fuera el mismísimo néctar de los dioses, boqueando como un pececillo fuera del agua. Con la cara manchada por el polvo del carbón, no se distinguiría de los hombres que han subido con él si no fuera por la ropa de marca (ya negra en origen), por esa espléndida barba (antes rubia, ahora negra, como todo lo demás en su cara) y por el terror que se adivina en sus ojos (antes, azules, ahora, rojos).

Los hombres que le rodean son veteranos, de esos que se mueven despacio, gente que ha aprendido que el turno en el pozo es largo y que lo mismo da llegar un minuto antes que un minuto después, pero que, pase lo que pase, hay que llegar. Y así, entre toses y algún que otro cigarrillo, esperan a que el pececillo barbudo deje de lloriquear. Cuando acaba, uno de los hombres se acuclilla para hablarle cara a cara.

—Ahora, chavalín —le dice—, cuando tus amigotes se vuelvan a quejar en el bar de que lo peor del confinamiento es cuánto les molesta la mascarilla, o lo difícil que es pasar días encerrado en casa mirando por la ventana, o que tienen derecho a salir a tomar el sol para no llegar blancos a la temporada de playa, o de lo pequeño que es su balcón para respirar aire, me haces el favor de contarles lo que has sentido tú cuando te hemos bajado al pozo y a ver si así les callas la boca, que nosotros estamos cansados de oír tanta tontería y ya no tenemos edad para andar partiendo caras en los bares. —Se incorpora y, junto con sus compañeros, se dirige lentamente hacia el montacargas—. Y recuérdales —le dice justo antes de que se cierre la puerta— que sólo te hemos tenido abajo cuarenta y cinco minutos, y que como no dejen de quejarse de bobadas, otro día nos traemos a otro amiguín tuyo y le hacemos pasar abajo un turno completo.

miércoles, 22 de julio de 2020

UNA OPINIÓN SOBRE LA EFICACIA

Cuando en las noticias empieza la sección de sucesos, suelo ser bastante rápido desconectándolas. No es que no me interesen los casos truculentos, o que mi elevada calidad moral me impida regodearme con el morbo de la desgracia ajena, sino que la forma en que se abordan estos temas es tan poco respetuosa que prefiero no enterarme de quién ha matado a quién, y mucho menos cómo. Esto último es lo que más interesa, por lo visto, pero a mí me aburre y no me aporta nada, así que desconecto.

Pero el otro día fallé en la desconexión y me tragué una sección entera de higadillos y vísceras en la tele: peleas de bandas, asesinatos, la inevitable foto del alijo incautado por tal o cual policia, etc, etc, etc. Quiero pensar que en la tele cada vez son más rápidos incrustando esta sección entre otros temas más aburridos y que por eso no lo pude esquivar, pero también puede ser que me esté volviendo lento y que estas secciones me acaben enganchando cada vez más.

También debería decir que estas noticias realmente son las más humanas de todo el informativo, ya que tratan de personas y no de instituciones, o bancos, o gobiernos, o cosas completamente etéreas.

Me llamó la atención un caso en concreto: en no sé qué sitio, un chico ha matado a una chica, lo ha pillado la policía, él ha confesado y se encuentran en fase de juicio. Nada nuevo. En la tele se podía ver un grupo de personas fuera de los juzgados mostrando su dolor, su ira y su rabia contra el presunto asesino, u homicida, o como quiera que se le llame a alguien que mata a otro. La reportera de turno se lanza hacia el montón de gente y da con la hermana de la asesinada que, triste y resentida, le informa de que están pidiendo justicia mediante la aplicación de la Prisión Permanente Revisable para el acusado porque es la más eficaz en estos casos.

Vale. Aquí sale la víscera. A mí el acusado me da lo mismo, el caso es completamente desconocido para mí y, sin embargo, siento que tal y como me han contado la noticia, tengo que salir a la calle a prender fuego a los criminales y, de paso, a ese gobierno blandengue que los deja salir vivos. Por no hablar de los jueces corruptos que los condenan a condenitas de solo treinta años, los abogados millonarios que se forran cobrando de narcos, el sistema amañado para los ricos, la casta, la opresión, el hambre en África, el cambio climático, los veganos y la derrota de mi equipo de fútbol.

Todo, así comprimido en un instante, me da ganas de coger una antorcha, una soga y colgar por determinado sitio a ese asesino. Me indigno, se me revuelve el alma ante semejante drama repetido tantas veces... y yo aquí me bajo. 

A ver, que a lo mejor las cosas hay que pensarlas un poquito.

Para empezar, me gustaría acabar de una vez por todas con los eufemismos. La Prisión Permanente Revisable es la cadena perpetua. Per-pe-tua: Pa-ra-siem-pre. O, por lo menos, hasta que alguien la revise y diga que, bueno, que ya no es necesario y que el condenado puede salir. O sea que estar unos años encerrado (EN-CE-RRA-DO) parece ser que es poco y, ya puestos, que sea para siempre. O sea EN-CE-RRA-DO-PA-RA-SIEM-PRE.

Así visto, me gustaría saber para qué sirve la cadena perpetua. Se supone que la prisión en nuestro país tiene una función reformadora. O sea pillamos a un chorizo y lo metemos en una institución durante un tiempo para que se dé cuenta de que robar está mal. O algo así. Muy diferente es lo que hacen en otros sitios, donde se castiga al condenado, que no es más que una venganza, un ojo por ojo que implica que no confían en la reforma moral del condenado, sino que asumimos que es un mierda inútil y canceroso para la sociedad y lo condenamos a latigazos, galeras, desmembramientos, castración, o, incluso llegado el caso, la muerte. Muchos países aplican el ojo por ojo y ya vemos sus resultados. Encerrar a alguien para siempre entre cuatro paredes equivale a olvidarse de la redención, o la reforma, o lo que sea, y asumir que esa persona ya no es una persona, sino un mueble que estorba y del que ya no queremos saber nada nunca más.

Así visto, la cadena perpetua es una venganza contra el condenado que, además, sirve para que la sociedad se pueda olvidar de que hay gente mala por la calle.

Pero yo creía que lo que necesitamos es justicia, no venganza.

Y, claro, aquí nos topamos con el reportero que le pone el micro a los familiares de la víctima. Inevitablemente, éstos le dirán que quieren que se haga justicia, pero no es verdad, no puede ser verdad. Es imposible pedir justicia cuando han matado a tu hermana (o a tu hijo, o a tu madre, o a quien sea) porque como ser humano, sólo puedes pensar en la venganza. Y no una venganza cualquiera, sino algo realmente cruel, con sufrimiento y durante eones, para que ese malnacido que ha matado a tu familiar, sufra, sufra y sufra. Es lógico, es humano, es imposible de evitar. Por eso los reporteros se lanzan a por los familiares: saben que tienen carnaza fácil. Y todo se llena de peticiones de justicia, pero no es verdad, no puede serlo: lo que vemos es dolor e ira, y eso sólo lleva al ojo por ojo, a los latigazos, a las galeras...

Pedir justicia es pedir que un juez imparcial aplique la ley de manera que la pena sea proporcional al delito, pero es imposible querer que el asesino de tu hermana se reforme y sea un buen chico en pleno juicio. No puedes pensar en que debajo de ese acto tan (in)humano pueda haber capas de justificaciones, atenuantes, eximentes o incluso justificaciones.

Lo que ya no sé es qué puede pasar por la cabeza de cada uno cuando el tiempo nos permite reflexionar y ver todo ese proceso con cierta perspectiva. Puede haber arrepentimientos, puede haber sufrimiento por parte del asesino, o puede que no y que todo le importe un rábano. Puede haber perdón por parte de la familia de la víctima, o puede que no, y que sigan pidiendo venganza. Para eso existen los legisladores y los jueces, para aplicar esa reflexión en el momento del juicio y (en teoría, claro) hacer justicia, no venganza.

Ese "después" nunca sale en las noticias. Bueno, sí: cuando la cosa se tuerce y sale mal, como en el caso de los reincidentes.

Y por último, todo este rollo se cierra con el comentario de la pobre hermana: "pedimos la prisión perm... la perpetua porque es la condena más eficaz".

¿Eficaz?

Pues lo siento, lo siento, lo siento mucho, pero cuando ese criminal que no merece haber nacido mató a tu hermana, ya había cadena perpetua, y no evitó que la matara, al igual que en esos países donde existe la pena de muerte y que, sin embargo, sigue habiendo crímenes atroces. Así que, ¿de qué sirve pedir una cadena perpetua más que como venganza? ¿Dónde está esa eficacia? No es eficaz, no, y este caso en concreto lo ha vuelto a demostrar.

En fin, que no era más que un suceso pequeño dentro de una sección, algo que ha arruinado la vida de varias familias, pero que no ha merecido más que treinta segundos en un informativo que necesitaba rellenar de lágrimas un bloque informativo. Lo que yo vi no era más que dolor, ira, tristeza y un reportero con un micrófono. Un momento malo, muy malo, muy doloroso y muy personal. Algo efímero que variará mucho con una reflexión realizada a lo largo del tiempo, pero que no merecerá su desarrollo en una sección de las noticias.

Lo malo es que en esos pequeños momentos irreflexivos tan dolorosos aparecen esos que todavía no he nombrado por aquí, rebañan de esa sopa de enfado y se dedican a cosechar votos.

Y luego, les votaMOS. 

Y así nos va.



lunes, 8 de junio de 2020

AGUA, ARCILLA Y CONFUSIÓN

Terminado el cuarto álbum. Esta vez es rock sencillo.

 

También está en una lista de youtube:

https://www.youtube.com/playlist?list=PLfIUowGQRK23BxKbSL6ia4JujXqIS5t2a

viernes, 15 de mayo de 2020

BARRO


Una pequeña escapada a la canción cantada.



Quisiera creer en angelitos blancos 
flotando en nubes de algodón 
y en un justo descanso. 
Resulta que yo prefiero al ser humano 
sin importarme su color 
con tal de que no pise a sus hermanos. 

Quisiera creer en un juez sensato 
que juzga por tu corazón 
y no por cuántas veces le has rezado. 
Quisiera creer que los que han comprado 
su alma a golpe de talón 
cosecharán el daño que han sembrado. 

Barro, somos barro 
Agua, arcilla y confusión. 

Quisiera creer, y aunque lo he intentado 
no veo ninguna razón 
para ser un esclavo. 
No quiero vivir según los dictados 
de un libro lleno de dolor 
que sólo salva si obedezco o pago. 

Barro, somos barro 
Agua, arcilla y confusión. 
Barro, no somos más que barro 
Con alma y sin deberle nada a ningún dios...

viernes, 21 de junio de 2019

TENTACIÓN


... y ellos se escondían tras los arbustos, tras las columnas, volviendo loca a la niñera, que los llamaba y los llamaba, y que no los conseguía encontrar en aquel jardín tan enorme, así que, harta de dejarse la voz en vano, simplemente se plantó en el centro de un claro donde sabía que ellos la estarían observando y levanto la mano con la esperanza de que ellos acudirían voluntariamente, ya que no hay niño que pueda resistirse...



... a un sabroso helado de cucurucho.

lunes, 29 de abril de 2019

IN FRAGANTI (II)


Siempre me ha parecido fascinante la paciencia que tienen las esculturas al posar para los turistas. Aparecemos con nuestras cámaras, bolsas, libros, ruidos y tonterías varias y ellas, muy profesionalmente, mantienen el tipo y aguantan para que podamos sacar esa mala foto o hacer ese triste comentario que jamás les llegará a hacer justicia.

A veces he espiado frisos enteros durante horas intentando pillarlas en un renuncio, en una mala pose, un mal gesto, un desaire. Son casi mil años aguantando las estupideces de los seres humanos (o las cagadas de las palomas) y, sin embargo, jamás parecen estar molestas o salirse de su papel.


Ven pasar los tiempos, los modos, las tecnologías. Dudo mucho que una gárgola situada en lo alto de una catedral pensara que iba a tener que aguantar los humos de los tubos de escape, los ruidos de autobuses y coches, o posar con el cuidado que requieren los objetivos de 300 mm. O que una estatua de relieve situada en un rincón oscuro de una iglesia románica tuviera que seguir impertérrita a pesar de la oscuridad sabiendo que podemos dispararle a ISOS altísimos en condiciones de poca luz. Y, sin embargo, los ponemos a prueba y les pedimos que se mantengan como en el siglo XI o XII para que nosotros nos creamos evolucionados, superiores, desarrollados.


Pero el otro día lo conseguí. No sé si porque se creía amparada en la oscuridad, no sé si porque era algo urgente...




... pero una de ellas tuvo que contestar al móvil.

¡Y la pillé!

viernes, 22 de febrero de 2019

SEÑUELO

La doctora nos dijo que debíamos ir al hospital lo antes posible. Mi madre no estaba bien tras el golpe en la cabeza y tenían que hacerle unas pruebas. Con setenta años no era ninguna tontería.

Estábamos en un pueblo a sesenta kilómetros de la capital, así que fue una suerte que yo estuviera con el coche porque una ambulancia de turno puede hacer ese recorrido en unas seis horas. Una de urgencia, en hora y media entre que viene y va corriendo al hospital. Y mi padre ya no podía conducir.

Monté a mi madre en el coche. Mi padre se montó detrás con su bastón, su artritis y su poquito de cáncer. Bajo ningún concepto iba a dejar a su mujer en esa situación, así que se metió un chute de alguno de esos opiáceos salvajes que tomaba para calmar los dolores y, hala, a correr por esa mierda de carreteras que dan esa forma tan rústica y tan bonita a la zona Sur de Salamanca. 

En tres cuartos de hora de viaje por carreteras de un carril llegamos al hospital. La entrada de urgencias es un fondo de saco, un puente donde las ambulancias que llegan tienen que salir marcha atrás porque no hay sitio para maniobras, pero nosotros no podíamos permitirnos el lujo de meter el coche en el parking (de pago, por supuesto) que está al lado y caminar con mi padre y mi madre hasta las urgencias, así que nos metimos entre las ambulancias y descargamos a mi madre como pudimos.

Hubo que robar (sí, robar) una silla de ruedas que se caía a pedazos que estaba por allí tirada, ya que no disponían de material. Una vez en manos de un celador que pudiera empujar la silla, dejé allí a mis padres y salí como pude de aquel sitio horroroso para dejar el coche tirado en cualquier lugar.

Cuando llegué no los encontré. La zona de urgencias del hospital era un caos. Había gente de pie, gente paseando, celadores a la carrera, enfermeras agobiadas, gritos y llantos bajitos, pero, sobre todo, cansancio. Allí la gente estaba cansada. Aquel  hospital es, además, una cochambre vieja y ruinosa, complicada, laberíntica y totalmente fuera de servicio. Al rato de estar ahi te das cuenta de que esa gente que va con uniformes blancos, azules, rosas, etc, son unos auténticos héroes. 

Encontré a mis padres en una sala de triaje. Calcularon que mi madre necesitaba una resonancia. La miró una residente mu muy muy muy joven. Nos mandaron a la sala de espera.

La sala de espera es asquerosa. Es una sala que en pleno verano arde, está saturada, llena de gente con dolor y que se tiene que sentar en sillones de diferentes épocas como buenamente puede. Calculo que habría allí algo menos de cien personas. Mi madre seguía en la silla de ruedas (no la íbamos a soltar bajo ningún concepto) y mi padre se derrumbó en uno de esos sillones. Yo me senté en una mesa, frente a ellos.

Pasó el tiempo. Mucho tiempo.

Nos llamaron de nuevo a consulta. Esta vez apareció la jefa de sección para ver a mi madre, una veterana que hizo preguntas muy directas y realizó pruebas muy concretas. Llamó al especialista de otra sección, que apareció con el pijama verde del quirófano, sudando a la carrera. Otro veterano que en diez segundos diagnosticó a mi madre. Resonancia y a esperar.

Siguieron pasando las horas. Nos aburríamos, nos dormíamos, o mirábamos pasar a la gente, que iba y venía con sus dolores, sus escayolas, sus placas en la mano. Familiares, amigos, gente verdaderamente mal y gente que aguantaba como podía.

No soy capaz de recordar el color de la pared. Tampoco recuerdo ventanas. Ni luz natural. Ni aire. Las puertas estaban abiertas al vestíbulo y todo el mundo miraba a todo el mundo. Fluorescentes obsoletos, suelos de linóleo, puertas de aluminio.

Nos llamaron y un celador nos guió a la zona de rayos. El laberinto de aquel hospital es un cuadro de despropósitos. Todos los hospitales son laberínticos y complicados, pero aquello era un catálogo de baldosas rotas, techos sucios, lámparas estropeadas, silencio, eco, pasillos de terrazo y vidrios sucios. Kilómetros de vacío y ascensores ruidosos y en muy mal estado.

Y aun así, nos daban ánimos y nos sonreían.

Nos dejaron en la antepuerta de la sala de rayos. Mi madre, medio dormida. Mi padre, apoyado en una camilla con su bastón y su cara de circunstancias, haciendo como que no le dolían todos los huesos. Yo, contando chistes y bromas absurdas para que no vieran lo mucho que odiaba aquel sitio apestoso, intentando aliviar aquella situación.

No sé cuánto tiempo esperamos, quizá una media hora. Salió un técnico y metió a mi madre a hacer las pruebas. Mi padre y yo fuimos a la mini sala de espera que nos indicaron. Había unas cinco personas más. Uno era grande, de esas personas que ocupan mucho sitio en todas las dimensiones, y tenía un tobillo al aire y en alto. Supongo que estaba esperando para una radiografía de dicho tobillo. También había un par de personas que no aparentaban nada raro, como un señor algo mayor y una mujer en chándal que estaba acompañando al grandullón. Había, además, una mujer bastante mayor paseando delante de la puerta, visiblemente nerviosa.

Al rato el tío grande empezó a despotricar. Se quejaba de la lentitud, se quejaba del servicio. Los demás asintieron y corearon lo que decía. Todos estaban hartos. Yo también, y mi padre, más, claro. Hasta ahi, todos de acuerdo.

Al poco empezó con los mantras: putos moros que pasan delante. Putos extranjeros que se cuelan. Putos guiris de mierda que vienen de gratis a que les demos medicinas por delante de los españoles. Puta gentuza que nos quita el trabajo, que nos roba la sanidad, que se aprovechan de nosotros. Y que, encima, nos tengan esperando por ellos, joder.

Y así todo. Sin gritar, sin aspavientos. Lo decía resignado. Intenso, pero no era un mitin político. Simplemente, estaba enumerando hechos. O lo que para él eran hechos. Y todos le coreaban y asentían. Nadie negaba, yo tampoco. Bastante tenía encima como para ponerme a discutir con un tipo de ciento treinta kilos enfadado. Sensatez y cansancio, quiero pensar, pero a veces creo que es cobardía pura y dura.

Al rato salió un técnico de rayos acompañando a una señora realmente mayor. La que estaba de pie fue a por ella y se la llevó a pasitos muy lentos. Debían de ser madre e hija. Solas, y debían de sumar entre las dos unos ciento cincuenta años.

Al poco sacaron a  mi madre en su silla de ruedas.

Así confirmamos que allí no había extranjeros. Allí todos éramos enfermos y acompañantes. No vi robo de servicios, ni aprovechamientos, ni nadie que se colara. No vi reproches por parte de los trabajadores del hospital, que tenían bastantes motivos para haberse quejado y, sin embargo, nos trataron de maravilla entre todo aquel desastre. Supongo que a la fuerza ahorcan.

Y yo me preguntaba por qué nadie se quejaba del sitio. Por qué nadie decía nada sobre aquel catálogo de los horrores al que llaman hospital. Por qué nadie pedía más personal, o que subieran el sueldo a aquellos trabajadores. O que abrieran una ventana. Yo qué sé. Algo.

Una vez solucionado el tema de mi madre, y ya en casa todos, pasé mucho tiempo dándole vueltas y me acordé de aquel tipo grande con el tobillo al aire. Tenía motivos para quejarse. Quería quejarse y creo que con razón. Necesitaba expresar su malestar, su necesidad de atención, pero no tenía palabras y, simplemente, usaba las que le han ido enseñando, esa gran cortina muy fácil de aprender y que tapa todos los males reales y que repiten un día tras otro en todos los medios de comunicación, bien por boca de los periodistas, bien por boca de nuestros representantes (¿?) políticos. No hace falta pensar, no hace falta analizar cada uno de los problemas porque es muy cansino, pero si a todo le achacamos el mismo mal, podemos quejarnos y desahogarnos creyendo decir algo, pero sin solucionar nada: la cupa de cualquier cosa es de la gente que no es como yo y a mí me tienen abandonado por su culpa.

Desde entonces, cada vez que escucho a un político por la tele, por la radio, o lo leo en la prensa, simplemente le deseo que le toque llevar a sus padres al hospital público, ese que se gestiona como ellos deciden que se tiene que gestionar.

Y luego, que me diga que es culpa de los extranjeros.

O de los catalanes.

O de los venezolanos.

O de lo que se le ocurra.

Eso sí, nunca suya.

Por supuesto, tampoco nuestra.

¿No?




lunes, 21 de enero de 2019

2018

Una vuelta al rock con seis temas acabados en 2018.

https://yoslec.bandcamp.com/album/2018

lunes, 3 de septiembre de 2018

EL DÍA DE LA ANESTESIA

El mensaje llega a través del móvil, red social, un grupo de gente. Está cargado de buenas intenciones y de bonitas palabras. Viene a recordarnos que "mañana es el día del cáncer" y que debemos compartir este mensaje porque tal y tal y tal. 

También viene a decir que habrá mucha gente que no lo compartirá.

Pero es que "mañana" no es el día del cáncer. Ni de los niños con autismo, ni de los muertos en las guerras, ni de la esclerosis múltiple, ni del hambre en el mundo, ni del planeta asfixiado, ni de la lucha contra el plástico, ni contra la matanza de cetáceos, ni de... ni de nada. 

Entiendo que todos los días son los días del cáncer (y de los niños con autismo, y de los muertos en las guerras, etc, etc, etc). Por lo tanto, lo primero que pienso es que este mensaje, cargado de buenas intenciones, puede no ser más que un virus o un mensaje de control, o cualquier cosa que se inventen los que nos manipulan.

Para empezar, me recuerdan que se me ha olvidado que hay gente enferma. Y si no es gente enferma, será una guerra, una causa, una utopía que me dejará intranquilo y con la sensación de que no estoy haciendo lo suficiente.

Entonces veo ese dato que dice que mucha gente no reenviará el mensaje. Claramente dirigido a mí, opresor que no quiero luchar contra el cáncer, o los niños con... bueno, que si no lo reenvío a setenta y cinco personas, soy un vulgar fascista y depredador planetario asesino de gente enferma. No tan explicitamente, pero es un reproche muy bien colocado que me llega a la conciencia, lo que me hace pensar que está ahi como prueba, como indicador de sus estadísticas a ver cuántos picamos cuando nos retuercen la conciencia de tal o cual modo.

Así que no lo envío.

Pero si lo envío, limpio mi conciencia. Me quedaré tranquilo y seré parte de esa masa de gente buena que lucha contra el cáncer, o contra el autismo, o contra la guerra, o... 

Y me doy cuenta de cuántos mensajes nos llegan para limpiar la conciencia. Cada vez más, y más agresivos, lo que viene a describir cómo tenemos la conciencia. Cuántas firmas en plataformas digitales apoyando buenas causas. Cuantos mensajes rebotados en las redes sociales con bonitas frases de esperanza y de buenas intenciones. ¿Quién las escribe, quién las piensa, quién las realiza? Por lo que yo sé, todos reenviamos esos mensajes y no creamos ninguno. Qué tranquilos nos dejan, pero al final no hacemos NADA. Un click, cinco segundos de nuestra vida para quedarnos tan tranquilos y, hale, a ver el fútbol, que llego tarde.

Nos dejan anestesiados, por lo que, para mí, esto se está convirtiendo en el día de la anestesia.

Y levanto la vista del móvil y hago esta foto para no olvidar que el cáncer no es "un día".


El cáncer es un pasillo de hospital cochambroso, horas de espera en ambientes deprimentes, baldosas sueltas, baños que no funcionan, fluorescentes que parpadean, ruidos y olores, médicos desbordados, enfermeras corriendo, celadores desesperados buscando una silla de ruedas y todo para, a lo mejor y si hay suerte, conseguir para el enfermo un día más de plazo, un mes, un año.

El cáncer son años y años de vigilancia, de controles, de análisis, de pruebas, de tratamientos, de experimentos, operaciones, noches de hospital durmiendo junto a enfermos como tú, de sillas incómodas, de comida de máquina, agua de botella de plástico, de meses de lucha, ánimo y buenas palabras por parte de esa gente increíble que lucha en claras condiciones de inferioridad para que sigas un día más.

El cáncer soy yo cuando me ahorro el IVA. Porque soy muy listo.

El cáncer es esa basura envuelta en una bandera que piensa que la sanidad debería ser rentable. Porque aman a su país mas que tú.

El cáncer es esa empresa de cosas imprescindibles que consigue no pagar impuestos y por la que haces cola por la noche cuando lanza un producto nuevo. Porque molan mucho.

El cáncer es despotricar de la mierda de la sanidad pública en el bar de la esquina y, en la misma frase, quejarse de los impuestos que tienes que pagar mientras fardas de cómo consigues evitarlo. Porque sabes mucho y a ti no te la cuelan.

El cáncer es la empresa farmacéutica que hace veinticinco años firmó una patente y que puede salvarte la vida, pero con un precio que ni tus nietos podrán pagar. Porque sí.

El cáncer es reenviar un mensaje de control de masas y quedarte tan tranquilo. 

Porque la anestesia social es el cáncer.



domingo, 19 de agosto de 2018

Y LA LUNA



... y levanto la mirada y al ver el paisaje que está ante mí desde hace horas empiezo a pensar cómo puede ser que lleve todo este tiempo mirando hacia el móvil y no hacia el paisaje.

...y cuando me doy cuenta de que, encima, está la luna, pienso que, definitivamente, no volveré a mirar la pantalla del móvil.

martes, 17 de abril de 2018

NO LE GUSTA

Al niño de diez años que sale en la foto programando un robot le gustan el 99'99% de las cosas de este mundo.

Se puede quedar extasiado mirando al mar. Puede pasarse horas escuchando la misma canción. Puede montar y desmontar una maqueta siete veces en una tarde para ver cómo queda mejor. Puede quedarse fascinado con un avión de papel, descubrir la física, los chistes de la geometría, la naturaleza de los números. Puede reirse como un loco cuando te hace un chiste sobre el infinito al igual que cuando suena un eructo en los dibus o imita el ruido de un pedo con el sobaco. Puede rehacer un programa informático meses y meses hasta hacer un juego alucinante... que no compartirá con nadie. Tampoco lo intentará, claro, porque piensa que a nadie puede interesarle nada de lo suyo.


Y es que hay una (¡una!) cosa que no le gusta y que, sin embargo, es el eje alrededor del que circulan el resto del mundo, tanto chavales como padres, como centros educativos:

No le gusta el fútbol.

Siendo crudos y sinceros, sin caretas ni tonterías, le deberíamos llamar "ateo", o "infiel", quizá "hereje", ya que no comparte la fe por un culto dominante; pero según las convenciones sociales actuales, eso lo convierte simplemente en un niño "raro". Podríamos decir que es diferente, o que tiene personalidad, o que no quiere perder el tiempo con el deporte, o que tiene otros intereses, o que, simplemente, no le gusta el fútbol. Pero no lo decimos y le ponemos la etiqueta de "raro".

Acertadamente, ya que "raro", según la RAE significa:

DLE: raro, ra - Diccionario de la lengua española - Edición del Tricentenario
1. adj. Que se comporta de un modo inhabitual.
2. adj. Extraordinario, poco común o frecuente.
3. adj. Escaso en su clase o especie.
4. adj. Insigne, sobresaliente o excelente en su línea.
5. adj. Extravagante de genio o de comportamiento y propenso a singularizarse.

Por supuesto, sucede que a su edad es el fútbol el que manda, pero podría haber sido otra cosa en otra época, y quizá le habría tocado a otro niño ser el raro. Puede que en un par de años sea tu hija la "gorda", o tu hijo el "cara crater", o... o cualquiera.

Pero ahora es el fútbol a un nivel de saturación plena. Podría quedarse de portero en el recreo. Podría animar. Podría ir a ver los partidos. Podría intentar que le gustase, pero es que, insisto: no le gusta el fútbol.

Y, así, como no juega ni está en ningún equipo, se pierde los ratos de enfado, los ratos de peleas, de insultos, de risas, de bromas, de camaradería, el odio al enemigo, el respeto a la derrota. Se pierde los viajes, la disciplina, el orden, la sumisión, la jerarquía, el moverse con los compañeros fuera de clase, fuera de la semana laboral. Se pierde ser de la manada, del grupo, de la tribu.

Y, así, cada lunes está un poquito más lejos de los demás.

Y, así, cada recreo se aparta y mira.

Y, así, no aprende a compartir, no aprende a quedar, no le dan el número de teléfono y no aprende a pedirlo, no está en el grupo de amigos del móvil, no se acuerdan de él cuando hay un cambio rápido. No participa en las bromas, no entiende los chistes y se pierde completamente en los detalles. Es molesto porque no puede seguir el ritmo del grupo. Y, como es lógico, el grupo se cansa y suelta lastre.

Y, así, aprende que no es necesario para los demás, que no es imprescindible, que no influye en nada ni en nadie porque, la experiencia se lo dice, todo sigue su rumbo sin él. Es una lección que los adultos aprendemos con el tiempo y podemos asumirla o reprimirla, pero un niño en esta situación aprende a ver la vida por una ventana sintiéndose completamente ajeno a ella, creyendo que la vida es eso de la gente "normal", o lo de las películas, o lo de los libros, sin entender que su vida es suya y que puede hacer con ella lo que a él más le guste.

¿Cómo explicarle que todo esto pasará, que encontrará su camino, que, quiera o no, tendrá una vida y que esa vida todavía está por empezar? ¿Cómo darle la tranquilidad que necesita para compartir sus ideas sin miedo al rechazo o la burla? ¿Cómo explicarle que son personas como él las que dan color al grupo, las que permanecen coherentes toda la vida sin acusar el desgaste del aburrimiento y la rutina que acabará afectando a todas esos que hoy son estrellas?

Qué bonito queda en las novelas, en las películas, en las fábulas con moralina final, cuando enseñan que hay que tener personalidad, ser uno mismo, seguir firmemente el camino sin dejarse llevar por modas o dogmas de fe sin sentido. Qué bien queda el protagonista cuando la chica se da cuenta y, juntos, forman una vida en común perfecta y maravillosa y bla y bla y bla...

Pero es mentira, y ser firme con diez, doce, trece, quince años es imposible. Y es duro, y es muy doloroso, e impide el desarrollo pleno de la persona que podría ser.

Crecerá escuchando constantemente el cuchicheo que siempre suena cuando pasa alguien diferente, un freak, un bicho raro, y no podrá menos que creérselo. A lo mejor será cierto porque no todo el mundo va a estar equivocado, ¿verdad?

Pero me niego. Me niego a aceptar que la mayoría tiene la razón. Me niego a pensar que una foto que a cualquiera puede hacer explotar el pecho de orgullo sea la causa de la tristeza de una persona y de la destrucción de un futuro por pura desidia mía, nuestra.

Me niego a asumir que vivo en una sociedad donde la religión dominante con sus ídolos millonarios condicionen la vida de un cerebro privilegiado malogrando todas las aportaciones que podrá hacer en el futuro para conseguir un mundo un poquito mejor en vez de soñar con una camiseta y un ferrari como el ídolo descerebrado y perfectamente sustituible del fútbol.

Curioso mundo este nuestro en el que quien no puede seguir el ritmo de los demás es quien con 10 años programa robots, y no al revés.

Y ASÍ CADA NOCHE

Cuántas horas, cuánto esfuerzo, cuánto empeño en sacar adelante ese párrafo, esa línea curva, la composición de esa fachada, el color de la fotografía, esa nota con su acorde...

Cuánta vergüenza consumida, cuánto pudor perdido para preguntar, cuánto sufrimiento por aprender técnicas, movimientos, estilos...

Cuántas horas de sueño empeñadas en publicar, compartir, ordenar, dar forma y que alguien pueda oír esa canción, ver ese dibujo, disfrutar esos colores, saborear esa pintura, habitar esa casa, repetir hasta el aburrimiento esa poesía...

Cuánta vida derrochada para que, al final, cuando lo veas publicado, suene, se construya, se forje, se levante o, en definitiva, escape libre del control de tu parte creativa...

...te des cuenta de que no tienes ni una miserable gota de talento.

martes, 10 de abril de 2018

DEL LUGAR


Sobre la pizarra del suelo, mampostería basta de caliza y pizarra de la zona unidas con mortero de cal del lugar.
Sobre el muro de piedra, adobes hechos con barro y paja, moldeados en el mismo lugar.
Sobre el adobe, madera de encina y roble, todos de los bosques del lugar.
Sobre la madera, tejas cocidas con arcilla de la zona.
Cubriéndolo todo, cal morena. También hecha en el entorno.


Perdonadme si me asombro cuando escucho a los que venden esa nueva "arquitectura sostenible".

O "ecológica".

O del lugar.

domingo, 18 de marzo de 2018

PETICIÓN DE PENA

Su señoría, tras las conclusiones obtenidas con las pruebas y declaraciones realizadas a lo largo de este juicio, el ministerio fiscal desiste de pedir la prisión permanente revisable para el acusado.

Sostenemos, y las pruebas y declaraciones así lo han confirmado, que el acusado es un peligro para la estabilidad de esta sociedad y que no merece estar entre la gente de bien que le da forma.

Entre otras cosas, alegamos que:

- Se le encontró material subversivo, así como textos escritos blasfemando contra nuestro señor allá en los cielos, vulnerando el Acta de Libertad Religiosa para la Garantía de un Estado Láico.

- Se confirma el hecho de compartir vídeos sobre las fuerzas de seguridad en acto de servicio mientras protegían la sagrada institución de la soberanía popular.

- Se confirma el hecho de seguidismo a partidos radicales, extremistas y no afiliados a la unión de partidos democráticos S.A, declarados por ello proscritos a la espera de su afiliación a la asociación de Banca Partidista Nacional para la Libertad de Opinión.

- Se han obtenido imágenes del acusado en manifestaciones con el peligroso colectivo de pensionistas que, como bien es conocido por todos, ha sido declarado grupo terrorista recientemente.

- Se han obtenido imágenes del acusado en manifestaciones con el colectivo del sector sanitario que, como saben, vulnera el Estatuto de Reparto de Enfermos y Medicamentos de la actual y vigente ley de Externalización de Moribundos y Enfermos crónicos.

- Se ha comprobado la posesión de células solares fotovoltaicas para autoconsumo en el domicilio particular del acusado.

- Se ha confiscado un ordenador personal que no está conectado a la red, vulnerando así la ley de Protección de la Intimidad y Vigilancia de Actos Indeseables.

- Se ha confiscado la nada despreciable cantidad de 36'50 euros en metálico, así como la posesión de una única cuenta corriente, acto contrario a la Ley de Reparto de Beneficios Bancarios para la Democracia que obliga a tener por lo menos tres, y en dos entidades bancarias diferentes al amparo de la Ley Antimonopolio del Populacho.

- Se han obtenido resguardos de entradas de conciertos, cine y teatro para ver obras firmadas por autores que actualmente (y por suerte para la sociedad) ya están en la cárcel o proscritos según la ley de Buenas Maneras de Expresión y Vocabulario.

- Se han obtenido testimonios de testigo que afirman haber oído al acusado decir cosas tan contrarias a la ley como "fistro", "aikandemor" y "pecador de la pradera" ante niños y personas desfavorecidas.

- Se ha confiscado un libro de texto de hace unos años, concretamente del curso de cuarto de la ESO en el que el acusado pintó barba, gafas y bigotes a nuestra majestad Felipe II, haciendo, además, comentarios sobre el infundio de la pérdida de la santa armada invencible, acto contrario al artículo 659.2-3b ocho bis-c de nuestra carta magna en el que claramente se establece que las instituciones del estado son inviolables, así como la infalibilidad de sus majestades pasadas, presentes y futuras.

... y así un largo etcétera que ya hemos ido desgranando durante este juicio.

Sin embargo, y pese a tan graves hechos que han sido demostrados, retiramos nuestra petición de Prisión Permanente Revisable. No creemos justificado que una persona, por muy indeseable que sea, pase el resto de su vida encerrado en un centro penitenciario de una manera ilógicamente costosa, pudiendo, además, tener opción a revisar su condena y lograr de esta manera eludir la obligación de pasar el resto de sus días entre rejas.

Por lo tanto, y amparándonos en la ley de Estado Electoral Perpetuo recientemente aprobada por unanimidad en el congreso, procedemos a solicitar la pena de muerte para el acusado.

Gracias, señoría.

martes, 19 de diciembre de 2017

DECLARACIONES TRAS EL ACTO

EL PADRE
Consentido por su madre toda la vida. Yo ya no tengo hijo. Para mí ya no existe. No tengo nada que decir.

LA MADRE
Criamos un buen hombre. No lo educamos para acabar de esta manera. Era un buen niño. Algo inquieto, se metía de vez en cuando en algún lío con los demás chavales del cole, pero nunca nos dió verdaderos problemas. Buenas notas, acabó la universidad sin sobresaltos, consiguió un buen trabajo...Cómo íbamos a pensar que fuera a acabar así. Supongo que las malas compañías, los amigos... ya sabe.

LOS AMIGOS
Flipando. Estamos flipando. ¿pero cómo se le ocurre? ¡No, claro que no sabíamos nada! ¿Te crees que no habíamos intentado algo para que no lo hiciera? Nos enteramos cuando lo vimos en la tele, tío, ¡qué fuerte! Rodeado de esa gentuza y todos esos periodistas alrededor. Pregúntale a su novia, que algo habrá tenido que ver.

LA NOVIA
Ex-novia. Pon ahi que de novia, nada. Ya no quiero saber nada de él. Media vida juntos y me tengo que enterar así de lo que tenía en la cabeza. Ni una vez me lo comentó. ¡Ni una! Y claro que lo habría intentado disuadir. Por supuesto. Es que era algo impensable en él. Yo le quería y de haber sabido esto, ni me habría acercado. ¡Qué asco, ya no se puede caer más bajo!

EL JEFE DE CAMPAÑA
Sí, por supuesto: ¡es el mejor candidato que nuestro partido podría desear y será un buen presidente cuando gane las próximas elecciones! ¡Y ganaremos! ¡Y levantaremos este país, y se acabará la desigualdad, la injusticia! ¡Viva la libertad, la democracia y el estado de derecho! ¡¡Gracias, gracias, espero su voto para nuestro candidato!!.

martes, 12 de diciembre de 2017

CREENCIA

Un hecho real. O casi.

Soy un turista de fiestas religiosas. Me encanta ir de pueblo en pueblo viendo esas tradiciones que mezclan paganismo con catolicismo a partes iguales, donde sacar una figura de paseo por las calles del pueblo consigue que todo el mundo se calle, o ría, o aplauda, o llore.

Y, luego, todos borrachos.

Pero no creo en nada de eso. Me parece folclórico (signifique lo que signifique eso de folclórico) y, como toda tradición, una rutina más que una devoción.

Sí creo en la gente que cree. Porque de verdad lo cree, y ese sentimiento es fuerte y se debe respetar. Por lo menos en mi opinión, que no vale más que lo que vale la opinión de un turista.

Hay fiestas que cierran el año. Estas fiestas se arriesgan a tener mal tiempo. Ya no se trata de la típica fiesta de verano en la que el pueblo tiene la opción de llenarse de turistas que aprovechan sus vacaciones para sacar unas fotos, comer, beber y dejar su dinerito en el pueblo (como yo), sino que se deben más a la tradición y tienen que apechugar con cambios de clima otoñales, el frío y la temida lluvia.

Me comentaron que uno de los pueblos de la zona cierra la temporada de fiestas el último martes de Septiembre. Ese detalle, el de fijar un día no numérico para la celebración del patrón, me parece fascinante, así que retrasé mis vacaciones de verano un poco y aproveché para ir a disfrutar de la fiesta.

Llegué el fin de semana con buen tiempo. El domingo se empezó a torcer, el lunes hacía claramente frío y, el martes, en cuanto empezó la procesión, se puso a llover. Disfruté y me lo pasé bien, pero me mojé todo lo que quise. Es una zona seca, de clima extremos, con mucho calor en verano y mucho frío en invierno, pero de pocas lluvias... excepto la semana de la fiesta del pueblo, cuando siempre, invariablemente, llueve. Quince días antes disfrutaban de 35 grados y sequía, pero en cuanto empezaron los preparativos de la fiesta, cambió el clima, bajó la temperatura y se puso a llover. Volví de allí con un buen catarro y una bonita historia que contar.

Nadie se lo tomó a mal, sino como un mal menor porque estaban acostumbrados a la lluvia de las fiestas patronales. La leyenda popular dice que la figura del patrón está cómoda dentro de la iglesia, en su pedestal, y que cuando la mueven, se enfada y llueve. Que si no la movieran, no llovería. A mi me pareció algo folclórico, un poco más de mito a la tradición, eso de que llueva siempre, pero a las fuerzas vivas que querían una fiesta turística más bulliciosa no le hacía mucha gracia. Tener unas fiestas patronales pasadas por agua no es algo muy práctico para salir a la calle, organizar conciertos, teatros, pasacalles, vaquillas, etc.

Y también está ese pequeño tema del dinero. Hay que ganar dinero durante las fiestas, hay que aprovechar, hay que traer al turista, y si llueve, no hay turista que valga. Tras años de pelea con las fuerzas más tradicionales, la presión de las fuerzas vivas consiguió cambiar la fecha de la fiesta del patrón. Tomaron como ejemplo las famosas fiestas de esa capital tan famosa en la que corren toros, que pasó de invierno a verano por presión popular con gran éxito, y el ayuntamiento aceptó pasar la fecha de la fiesta del patrón a mediados de Agosto, en plena ola de calor y sequía.

Se consultó con el párroco y se aceptó cambiar también la parte religiosa, de tal manera que toda la fiesta, tanto la religiosa como la popular, pasarían a una fecha de sequía segura.

Cuando me contaron todo esto, decidí volver a als fiestas de este pueblo y ver cómo habría cambiado una celebración popular por el simple hecho de estar más o menos llena de gente, con más o menos calor, o sin lluvia. 

Efectivamente, me encontré el pueblo lleno, a rebosar de turistas habituales y turistas que habían ido específicamente a la fiesta, como yo. El ambiente era magnífico. Casi ni se podía andar por la calle durante los días previos, así que el día de la fiesta iba a ser todo un éxito. Se prepararon conciertos, teatros, pasacalles, todo al aire libre. Y vaquillas, por fin vaquillas sin patinar. Para una zona ganadera, lo de las vaquillas era un tema importante.

Durante ese par de días anteriores a la fiesta estuve hablando con la gente y me encontré disparidad de opiniones, como no podía ser menos. Estaban los encantados de la vida, que veían aquello como una gran oportunidad de poner el pueblo en el mapa, de darle una nueva vida. 

Estaban los fiesteros, que pasan de todo y sólo quieren pasárselo bien, ya sea navidad, semana santa, la fiesta patronal o el día de la abuela.

Y estaban los tradicionalistas. Este grupo era exclusivamente local. Sólo había que invitar a unos vinos a algún habitante del pueblo con cierta edad y te empezaban a torcer el gesto. Lo achaqué a esa reacción inevitable al cambio que se da ante cualquier modificación de una tradición o costumbre. Les ponía el ejemplo de esa capital donde corren los toros y, aun así, me torcían el gesto y con un simple ademán, desechaban el tema con el convencimiento de quien está seguro de que algo se está haciendo inevitablemente mal.

El lunes se hicieron actos previos ¡al aire libre!.

El martes se sacó el patrón de la iglesia ante un público más numeroso que nunca.

Y se puso a llover.

No se puede decir que hiciera frío, pero por las noches, además del paraguas, había que sacar la chaqueta. No se habían previsto estas lluvias y hubo que trasladar los conciertos al polideportivo, suspender un día las vaquillas para aplicar los sistemas antipatinaje, eliminar los pasacalles, cancelar los actos políticos en el balcón descubierto del ayuntamiento, se recogieron las terrazas... Un desastre.

Pero lo peor fue aguantar a los tradicionalistas. Te invitaban ellos a los vinos en el bar y te decían de mil maneras diferentes aquello de "te lo dije".

Desde entonces las fiestas se celebran otra vez el último martes de Septiembre. Se prevén los actos a cubierto, se pone un mercadillo con casetas cubiertas, la gente lleva calzado cerrado y, ¿sabes qué? Pues que se lo pasan de maravilla.

Nadie ha vuelto a sacar el tema. Ni se sospecha que a alguien se le pueda ocurrir intentar cambiar la fiesta porque, de cualquier modo, habrá que mover al patrón. 

Y si mueves al patrón... Bah, que no me lo creo, y seguro que fue casualidad.

Bueno, casi seguro.

jueves, 16 de noviembre de 2017

SUICIDA

Cuando el juez de guardia llega a lugar de los hechos, la policía ya está acabando con su tarea. En una esquina, la psicóloga consuela a la mujer de la víctima, en la otra, los de la científica van recogiendo su material.

El juez se acerca al inspector al cargo y le pide un resumen. El policía lee sus notas:

- A eso de las 3 de la mañana, el teléfono de emergencias recibe una llamada de una mujer llorando y pidiendo ayuda para su marido. Los médicos de la ambulancia llegan al lugar de los hechos y se encuentran el cuerpo del hombre sentado en el sofá, pero no pueden hacer nada por él. Cuando llegamos nosotros, nos encontramos la escena que está viendo, señor juez. Tomamos declaración a la mujer, muestras y esperamos al personal del juzgado.

Efectivamente, el juez se encuentra con una escena dantesca. El cuerpo del hombre está sentado, en pijama, con una mano metida en un cuenco con patatas fritas con sabor a rayos, con la otra en el mando a distancia, los ojos desorbitados, muertos, inerte para siempre. Detrás, contra la pared, aparecen desparramados los efectos del impacto: ideas por acabar, pretensiones, sueños, esperanzas, frustraciones, obras de arte por pintar, esculturas por cincelar, novelas por escribir, música por disfrutar, vida en común, familia, amigos...

Debía de ser un hombre activo, inteligente, con mucha vida interior porque los efectos del impacto han desparramado mucho material por la pared.

El juez se acerca al cuerpo, le pasa la mano por delante de los ojos y no recibe respuesta ninguna.

En fin, piensa, hay peores maneras de dejar de vivir.

Se acerca a la mesita de la sala donde se encuentra la nota que ha dejado la víctima: "Estoy cansado. No dejo de pensar, pero mi opinión no sirve para nada. Para vivir así, prefiero vivir como los demás. Confieso que yo encenderé el aparato de televisión, nadie tiene la culpa. Adiós. Te quiero"

- Apunte - le dice al secretario -: según el relato de los agentes y las pruebas físicas (aun por confirmar según informes técnicos preceptivos), se confirma que el sujeto presenta estado de muerte intelectual. Causa: suicidio mental por sobredosis de programación de tv mediante impacto directo.